Otra vez amanecía y yo continuaba encerrada en esa celda, ya había pasado una semana. Me preguntaba si mis compañeras ya me habían dado por muerta o planeaban una manera de rescatarme. Lo único que sabia que seguía viva gracias a Richard, que había persuadido a Gregor convenciéndolo de que yo podía serle útil si me mantenía viva.
Pero había algo extraño en su forma de actuar, además de que era un vampiro, su comportamiento era raro incluso para un humano. Al principio creí que lo habían mandado a sacarme un poco de información, pero después de profundizar en el análisis de la situación, supe que había algo oculto, y algo que definitivamente no le habían ordenado hacer.
—Aquí esta tu desayuno—Dijo Richard. Desde aquella noche cada día me traía comida y pasaba todo el día hablando conmigo de cualquier cosa. El me mantenía cuerda y evitaba que la soledad de mi encierro me consumiera. Este día como siempre entro a mi celda para sentarse a mi lado y verme comer.
Hoy se veía muy ausente en sus pensamientos.
— ¿Ocurre algo malo Richard? Te noto extraño—La frase se me escapo de los labios pero antes de poder arrepentidme me contesto.
—Eres muy observadora. Es cierto, estoy preocupado, pero no hablemos de eso. Ayer me prometiste que me contarías la razón por la cual no has visto a tu madre en años.
El era muy listo, consiguió la manera perfecta para cambiarme el tema.
—Veras, mi madre al conocer a mi padre huyo del clan, por así decirlo, para llevar una vida normal y tener una familia; pero un no puede escapar a lo que en realidad es, el clan la termino encontrando y la obligo a que abandonara a mi padre. Ella sabia que no tenia opción así que uso una escusa y huyo de mi padre conmigo; pero era muy tarde, ya la habían catalogado como traidora, así que la obligaron a que me entregara al consejo y este decidiría que harían conmigo.
Me mandaron a un internado para brujas que parecía mas un orfanato que otra cosa, ya que la mayoría de las que estaban hay habían perdido a su madres y las otras eran chicas problemas. No he sabido nada de mi madre desde hace muchos años.
—Debió ser duro para ti…—Dijo con cierto tono de lastima en la voz.
—No tanto, no puedo recordar nada de ella, así que no me duele tanto como debería—mentí
—Estas mintiendo—me acuso— no importa que no la recuerdes, es imposible que no sientas dolor por no haberla tenido en tu vida—El siempre me entendía muy bien a pesar del poco tiempo que lo conocía, y de sus diferencias con respecto a mi.
El día se paso como todos los demás, yo hablando de mi vida y el escuchando atentamente. Le conté como fue mi infancia, las ideas que me habían metido en la cabeza desde que podía recordar, los duros entrenamientos que me dieron, de cómo las demás chicas me decían que yo no era mas que la hija de una traidora.
Pude ver su cara de asombro cuan le conté esto.
Le conté técnicamente todo sobre mi, pero lo único que omití fue mi lugar en como futura lider del clan, mi misión en ese pueblo y en lo que estaba destinada a hacer; según las brujas del gran concejo.
Cuando comenzó a anochecer el me hablo por fin.
—Recuerdas que esta mañana me dijiste que me veía preocupado…
—Yo dije que te veías extraño, no preocupado—lo interrumpí Antes de que pudiera continuar.
—Déjame terminar por favor—Me quede callada esperando que siguiera—Lo que ocurre es que Gregor esta molesto por que tus amigas no han venido por ti como teníamos planeado, y como no estas siendo útil, el dice que deberíamos matarte ya.
Se me detuvo el corazón cuando pronuncio esas palabras. ¿Seria el quien tendría la tarea de matarme? ¿Lo haría si así fuera? ¿Lo haría ahora? Estaba en estado de shock.
—Por eso, te quería dar esto—Dijo mientras tomaba mi mano y colocaba una llave en ella, era la de mi calabozo—Mañana la guardia ira de casería por la noche y pondrás escapar.
—Pero por que haces esto, si saben que me ayudaste a escapar podrían hacerte algo…—Dije sorprendiéndome a mi misma mi preocupación por su bienestar.
Acaricio mi mejilla con delicadeza y me miro a los ojos, sentí como su triste mirada me atravesaba el alma, y como el roce de sus manos me erizaba la piel.
—Yo no quiero que nada te pase—Fue todo lo que dijo. Irreflexivamente pase mis brazos por su cintura y me abrace a el con fuerza escondiendo mi rostro en su pecho.
Me abraso presionadome más contra él y acuno mi cabeza en su pecho.
No sabía que es lo que estaba sucediendo, pero una pequeña vos en mi interior me decía que había ocurrido lo que ni yo había imaginado que podría suceder:
Un vampiro me acababa de robar el corazón y sabía que nunca me lo iba a devolver.
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